Aurora Angulo ha intentado resaltar la función de las teorías, como la teoría del “Claustro”, remarcando la importancia de que puedan actuar como continentes de nuestra emocionalidad. Esta condición nos puede ayudar a mantenernos firmes pero a la vez flexibles y tolerantes en el difícil tratamiento de estas personas cuyo proceso madurativo está obstruido por el establecimiento precoz de un vínculo en que la diferenciación con el objeto ha sido anulada. Se convierten así en prisioneros de un “Claustro” (Meltzer, 1992) marginados de su propia afectividad y de la belleza del mundo.
Claudio Berman habla de la génesis de la interpretación . Plantea que el analista necesita tener una receptividad especial: la capacidad de no-saber de antemano y dejarse sorprender por lo que el paciente diga. El otro interrogante a descifrar es descubrir qué hace el paciente para escapar al cambio que la interpretación le propone. Lo ilustra con un caso en que el paciente hace uso de la reversión de la perspectiva convirtiendo, para ello, lo animado en inanimado.
Miriam Botbol escribe sobre el primer y el último paciente que supervisó con Meltzer . En especial se refiere a las dimensiones de la vida mental, a la bidimensionalidad y tridimensionalidad , y la posibilidad de pasaje de una dimensión a otra como expresión del crecimiento mental.
Rosa Castellá y Lluis Farré abordan el fenómeno de la violencia, apoyándose en los desarrollos sobre la actividad de la identificación proyectiva que recorren el pensamiento de Klein y Bion y alcanzan el de Meltzer. La violencia es concebida como un ataque y destrucción de la belleza, que busca arruinar la experiencia emocional, reduciendo la complejidad de las relaciones con el mundo animado e inanimado a pedazos vacíos de sentido.
Dolors Cid y Lucy Jachevasky aplican y desarrollan las ideas de Meltzer sobre el autismo. Pensando en estas cuestiones y revisando material de Lucas, un niño autista en tratamiento, descubrieron qué característica común tenían los objetos con los que este niño se relacionaba. Plantean la hipótesis de que el autista fabrica un mundo de objetos a través de la simplificación y la desconexión, que intentan explicar como un detenimiento y una inversión de la función alfa, que da lugar a lo que denominan “objeto mínimo”, diferente de los “objetos desmantelados” y de los “objetos mutilados”.
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