Bebés. Experiencias desde un vertice psicoanalítico.
"Donald Meltzer, Catherinie Mack Smih, Aurora angulo, Miriamm Botbol, Rosa Castellà, Perla Ducach, Silvia Grünwaldt. Lucy Jachevasky."
Reseña a cargo de la Dra. Sheila Navarro López
Agradezco a las autoras me hayan elegido para prologar este importante libro, no solo
por el honor con que me reviste, sino porque su lectura minuciosa me permitió revivir,
descubrir y aprender.
También quiero aquí dejar por escrito lo que muchas veces dije a todos los integrantes
del Grupo Psicoanalítico de Barcelona, en particular cuando publicaron el libro anterior
y fue que entendí perfectamente que Benito López estuviera satisfecho de haberlo
iniciado, León Grinberg agradecido por haberlo podido continuar y Meltzer orgulloso
de su “grupo preferido” porque sus integrantes, pese a ser tan diferentes en su vida
personal y profesional, se hubieran constituido en el único tipo de institución
psicoanalítica que Donald Meltzer respetaba: el grupo de autogestión.
Como siempre, breve, didáctico y asombroso el Meltzer que escribe: “Una reverie
acerca de la pre-ocupación interior del bebe.” Agradezco a las autoras que nos hicieran
llegar el que podría ser el último trabajo publicado del Maestro.
En la exposición acerca de su experiencia, nos sorprende Catharine Mack Smith
cuando enfoca en primer lugar la resistencia a la tarea; cuando la asimila a una relación
personal de intimidad, que despliega y ofrece, dando cuenta de los hechos que
comúnmente se reducen a la expresión “Vocación”.
Con Atenea, descripta e incluida en el conglomerado familiar, reinando sola y
autosuficiente, no sólo Aurora Angulo me permitió verla con claridad, sino también
reconocer y poder profundizar como madre analista, cuál sería no sólo el niño dentro del
adulto, sino también el bebé observable en varios de los pacientes que analizo.
Asimismo asocié con aquellos pacientes que llegan como gigantes con pies de arcilla,
como suelen describirlos los ingleses; también pude valorar una vez más,
retrospectivamente, cómo la atención generosa del trabajo analítico puede crear
vínculos afectivos, que ni siquiera son correcciones de los anteriores, porque con cierta
valentía a veces podemos afirmar que nunca existieron.
Cuando escribe acerca de Nuri, Perla Ducach, nos permite generosamente compartir su
experiencia con esta familia agradecida. Describe la relación desde el comienzo con
unos padres que no son autosuficientes, que agradecen la presencia de la observadora y
también la anestesia para el parto. No sienten que ellos “hicieron” a su niña, sino que su
bebé colabora, como también la medicina y la sociedad, lo cual les permite
manifestarse con sinceridad. No se muestran como padres perfectos ni tampoco su bebé
es ideal. Pueden estar ansiosos, o doloridos, o mostrarse incompetentes y hasta torpes;
(el biberón con la niña en la sillita) pero también pueden indicar límites de tolerancia
cuando la niña usa posesivamente a sus objetos transicionales y a los demás como
objetos. Igualmente pueden comprender las frustraciones que el bebé da a conocer y de
las que puede, poco a poco defenderse.
Junto a Carmen Largo sufrimos el que no pudiera tener con Ana quizá el tipo de
“observación terapéutica” que conoce; con la cual pudiera guiar a esa mamá y no
meramente seguirla en ese juego de ensayo y error donde se dibuja la impotencia de la
observadora que no puede, porque sería extralimitarse en su tarea, impedir la
psicopatología que se va desplegando. No sólo la salud mental de Ana está en juego,
sino que también su madre, María está perdiendo la posibilidad terapéutica que podría
haberse dado en la comunión íntima con su bebé. La niña, por el contrario, da la
impresión de haberse transformado en una especie de objeto transicional para su madre,
una posesión a la cual someter, educar o más bien domesticar con tiranía.
La lectura de Aleix, la fuerza de la vida, nos lleva a descubrir el valor terapéutico que
tiene en una familia la función de la observadora, que con su presencia e interés por el
bebé, sirve de modelo para que los padres puedan atender y observar al niño que,
particularmente en este caso, puede insistir y conseguir los cambios familiares
necesarios para su desarrollo. Si como lector, podemos decir que la autora, Silvia
Grünwaldt, consigue ampliamente su deseo generoso de compartir la experiencia vivida
y valorar la fuerza de Aleix; también podemos pensar que más que ella misma, fue
sobre todo su presencia como observadora la que catalizó dicha experiencia. Esto
posibilitó a esta familia, el atender a Aleix, el entenderlo y salir de ese círculo vicioso en
que estaban los tres incluidos; el niño que sólo recibía servicios o celos, con momentos
de abandono y/o de excitación. Es emocionante el momento del susto familiar
relacionado con la caída de Aleix en la bañera, momento en que la observadora, “la que
también saltó”, es incluida en la familia, hecho que reconoce la autora en el colorido
emocional de la despedida.
En Observaciones en una guardería, “Jordi: un bebe apenado”, Perla Ducach nos
permite disfrutar no sólo de una cuidadosa y prolongada observación sino también del
modelo de trabajo analítico que nos muestra Meltzer. El va siguiendo cuidadosamente el
material y procesando el entendimiento de este niño a través de las observaciones en sus
variaciones. Podemos ver cómo se van desplegando las relaciones internas de este niño
en el mundo externo; cómo es su relación de transferencia, no sólo con las educadoras
sino también con el equipo de observación. Vemos en que momento se inicia la
formación de símbolos, es cuando señala que el niño puede esperar para poder
recuperar un objeto que otro niño le ha quitado previamente… Meltzer lo señala como
inteligente cuando destaca que Jordi renuncia a tener expectativas en relación a un
adulto de su entorno y pone su atención en otros, con la esperanza de que lo entiendan
mejor. Diferencia y nos lo enseña portunamente entre mostrar una necesidad y saber
despertar el interés. Nos asombra cuando ve en el material que Jordi está más interesado
en la comunicación que en la acción. Nos señala los recursos de un niño inteligente
cuando Jordi encuentra la manera de atraer la atención y el cuidado, comiendo con
lentitud exagerada. Nos enseña cuándo un equipo externo (padres, educadoras) en lugar
de relacionarse con un niño, sólo le prestan “servicios”. Muestra a través del material de
observación, la diferencia entre valor y precio.
En fin, no quiero extenderme demasiado en exhibir mi admiración por el Maestro
pero si quiero señalar que sus intervenciones nos indican que observando atentamente
un material de juego e interacción de un niño o también del niño dentro de un adulto,
podemos inducir y crear las teorías clínicas que necesitamos para nuestra tarea con cada
niño que observamos y con cada paciente que analizamos.
En la siguiente observación, “Acomodarse, resistir, luchar: la vida de Ferrán en la
guardería”, Lucy Jachevasky en un material de observación amplio y duradero, también
nos permite apreciar la supervisión de Meltzer, en su minuciosa correlación de los
hechos descritos, de juego, comida, e interacción con otros niños y adultos. No obstante
se expone la preocupación por un posible daño neurológico que explicaría que un niño
con recursos mentales para manejarse en el medio en que le toca vivir, tenga tanta
dificultad con su deambulación.
En “La conducta para el niño sano, una aplicación de la observación de bebés”, Rosa
Castellà y Lucy Jachevasky nos relatan su experiencia en una actividad que creo muy
interesante y útil ya que padres sensibles y preocupados por el desarrollo de sus bebes,
carecen de un lugar de consulta para una puericultura psicológica que suele estar
descuidada y poco atendida por neonatólogos y pediatras. A lo largo de mi trayectoria
profesional, fui requerida varias veces, para ese tipo de atención, que es terapéutica
como se insinúa en el caso clínico que presentan las autoras, para los padres y
consecuentemente, para sus niños y bebés.
En “Inés, no quiere comer”, Lucy Jachevasky nos transmite una observación en la
cual ambos padres en sus deseos de estimular a su bebé, lo arrastran a una relación
sadomasoquista que evoca en Meltzer la gestación de ciertos niños autistas, que se van
replegando hacia una inaccesibilidad, abrumados por padres que aplastan cualquier tipo
de iniciativa que puedan demostrar. Los niños se van adaptando o se rinden.
Curiosamente, en el caso de Inés surge la posibilidad, no sólo de plantear una terapia
para la niña, sino también un período de observación compartida con la madre, para
poder modelar para la madre la posibilidad de encontrar aspectos interesantes en su
bebé, sin necesidad de intervenir siempre, ni competir con ella.
“La familia, un lugar para el desarrollo” es un interesante trabajo de Rosa Castellà, en
el que describe a la familia como un espacio de seguridad afectiva, en libertad, para
acoger a un niño que llega con un patrimonio potencial para el desarrollo físico y mental
y describe cómo el mismo puede ser posibilitado o detenido. En el material clínico que
presenta podemos fácilmente encontrar con ella, a través de la observación bebé-padres,
el juego de la Identificación Proyectiva que mantiene unidos (¿realmente?) o separados
a sus padres, planteando a su vez, la diagramación de toda la familia a través de tres
generaciones. Se trata de un trabajo sobre psicosociología de una familia.
Cuando Miriam Botbol propone a la familia en su habitabilidad como el modelo
predominante para la constitución del hogar interior, con vectores disidentes como la
diferenciación generacional y de sexos como sus ejes, hace un planteo original, pero
susceptible de tantas variables como la autora afirma, que su equilibrio podría
tambalearse fácilmente. La constitución homosexual familiar, en la breve casuística que
conozco, por ejemplo, lleva a los niños que llegan a la consulta a grados mayores o
menores de confusión.
Después de todo lo dicho es redundante recomendar la lectura de este libro, no sólo a
observadores sino también a analistas, padres y por qué no, a pediatras.
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